domingo, 5 de diciembre de 2010
Llamó mi atención, y eso es algo que debo de preguntar a un especialista, por qué a la salida de la iglesia de Caná a mano izquierda está esta piedra, como meteorito caído del cielo, e incluso sin ninguna persona andando por este trozo de calle. Como si fuera una señal de tráfico que indicase prohibición de paso.
Se nota que fuimos madrugadores. A la salida nos encontramos en sus estrechas calles un gran tumulto de peregrinos que, desde diversos lugares de mundo, buscaban lo mismo que nosotros.jueves, 2 de diciembre de 2010
El Viaje de mi Vida.
Esa noche.Esa noche fue muy especial para mi. Había manifestado a varios amigos las ganas que tenía de bailar, de perderme en un local, en una discoteca y bailar y bailar, como cuando era más joven. Pero en Guadalajara no hay locales para esa gente que ni de ser del Inserso no se identifican con los jovencitos de hoy. Encontrar la música en el Hotel y la posibilidad de bailar fue un placer benéfico que me hizo deshacer muchos entuertos por dentro. El sudor de los movimientos quemó mucha energía parada y liberó mi espíritu. Fue como una danza mística. No importaba lo que veías, lo importante era lo que sentías. Y en esa noche se acumularon ideologías caducas que había que desechar.
No me extrañaría verme colgado en Internet en fotos o en vídeo. Las chiquillas del Hotel no dejaron de hacerme fotos o de grabarme desde sus móviles. Les tuve que hacer mucha gracia al ver un tío de cuarenta y tantos años bailar sin complejos. Pero claro, fui el protagonista de sus fotos y de sus móviles hasta que entró un joven mejicano que llevaba en su cuerpo más horas de gimnasio que de biblioteca. Me sentí destronado del mira quien baila sin que el sudamericano pisara la pista y diera dos pasos en la pista del baile. Aun así, yo seguí sin complejos, disfrutando de la noche y de la posibilidad de bailar. Como se suele decir, esa noche los españoles cerramos el bar.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
El Viaje de mi Vida.
La noche.
La noche, ese tiempo poético tras el crepúsculo, fue muy importante en el viaje. Poco a poco los peregrinos tomaron confianza conmigo y viendo que Samar, nuestro guía, junto al conductor se marchaban a dormir fuera de Tiberiades, quedaba como experto sobre el tema para cualquier pregunta. Mi fe no solo se ponía a prueba en el razonamiento eucarístico al explicar las Escrituras, sino que también en la tertulia de los pasillos, en la mesa de la cena o en el paseo nocturno.
La noche era un espacio de tiempo muy largo. Desde las cinco y media de la tarde hora en la que nos depositaban en el Hotel de vuelta hasta la una de la madrugada había mucho espacio para cubrir. Normalmente la cena era a las siete y media. Antes de dabas una buena ducha y escribías en el diario la jornada terminada con las anécdotas divertidas para recordarlas el día de mañana. Era bonito encender el televisor y tener a tu disposición el Mundo entero en su multitud ce canales. Para un español saber lo que está pasando en su tierra es muy entrañable cuando se está fuera. El tiempo era muy malo, con temperaturas bajas y con lluvias en España. Pero nosotros gozábamos de un otoño primaveral.
Y después de cenar algunos estirábamos las piernas. No hablaron de un espectáculo de sonido, agua y color en el Lago Tiberiades. No fue difícil encontrarlo. Bajando directamente por una calle llegábamos a la zona comercial de Tiberiades situada en la orilla de Lago pudimos ver como es la sociedad de Tiberiades: como un lugar turístico, de descanso y consumo. Nada más llegar partía un barco en el lago hacia el interior, como el de la mañana, cuando atravesamos el Lago de Tiberiades en silencio y oración. Pero esta vez, y con muchas luces, era una discoteca flotante.A unos metros encontramos el lugar del espectáculo y gocemos con él. Pulverizando agua y con música clásica se iban dibujando imágenes de todo tipo, predominando los lugares de la comarca de Nazaret.
La gran sorpresa nos aguardaba a la vuelta. Como el que se encuentra un banquete de boda y participa en su fiesta. A la vuelta, tras la subida de regreso, escuchamos música en nuestro Hotel. Parecía una gran fiesta, pero solo era un Hombre-Orquesta que animaba a los turistas y peregrinos del Hotel. Y allá que nos metimos ... A bailar.
Nos lo pasamos muy bien y creo que también, esa noche, dormimos muy bien.
martes, 30 de noviembre de 2010
El Viaje de mi Vida.
El Monte Tabor.
Nada más salir del restaurante, Samar nos comentó algo de la comarca en la que estábamos y que nos dirigíamos al Monte Tabor y que tardaríamos unos cuarenta minutos en llegar. Yo creo que fue lo último que escuché. Me relajé y cerré los ojos. Era el momento de la santa siesta.
Se podía decir que fue un cerrar y abrir de ojos. Ya estábamos a los pies de el Monte Tabor. Un emplazamiento parecido a una pequeña parada de autobuses, en esta ocasión, estación de furgonetas adaptadas a taxis, con una pequeña tienda, un bar y zona de aseos, era el lugar de espera para subir al santuario del Monte Tabor, que se eleva en la llanura de Esdrelón con una altura de 588m.Dada la dificultad para circular por su camino ascendente en zigzag para los autobuses se utiliza unos taxis de doce personas. Son famosos sus conductores por su poca temeridad a la hora de subir y bajar. De hecho, mi taxi, el primero que subió tuvo un percance con una señora que salió despedida de su asiento en una brusca frenada y su cuerpo se desplazó por el pequeño pasillo quedando el cuerpo a fuerza de voltarén.
lunes, 29 de noviembre de 2010
Es rara la sensación que se tiene a la hora de subir a esta montaña santa. Tienes la alegría de subir a un monte santo, pero tienes el miedo de tener un percance con estos arriesgados conductores. Por tanto, mientras subes, rezas y contemplas rápidamente la encinas, los pinos y toda la vegetación.
En los Evangelios no consta el lugar exacto de la Transfiguración del Señor. La tradición toma la versión del evangelio apócrifo de los "Doce Apóstoles" para colocarla en lo más alto del monte. Los franciscanos están desde el año 1631 presentes en este santuario. La basílica actual es obra de Antonio Barluzzi construida en 1924, que intenta representar tres tiendas: la de Moisés y la de Elías, bajo los campanarios, y la de el Señor en la nave central.
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