domingo, 14 de septiembre de 2008

viernes, 12 de septiembre de 2008

Dolor



Termino la semana con experiencia de dolor. En la noche del martes, a primeras horas de la madrugada, un cólico por enfriamiento tronchaba los ciento ochenta y dos centímetros de mi personalidad. Qué dolor, me sentía partido. Por la tarde, paseando por el Colesterol decidí hacer más grande la caminata y me bajé a la Rinconada. La tormenta de agua me caló y fue el motivo del enfriamiento.

Me ha llamado la atención cómo he podido estar más de treinta horas sin dormir ni una cabezadita a consecuencia del dolor. Buscaba posturas cómodas, antibióticos que hicieran más dulce el sufrimiento, vídeos con los que entretenerme y pensar en otra cosa. Pero dormir no podía. Rezaba a los clavos de Cristo, meditaba páginas del Evangelio, recordaba la vida de santos. El dolor seguía ahí; dividido en dos, tumbado en el sofá con una almohada caliente, viendo la tele, cualquiera diría que seguía de vacaciones.

El tiempo pasa. Te acuerdas que tienes un amigo médico, un amigo enfermero, una madre que velaría todavía por mis sueños. Y te alegras de no estar solo en este mundo. Parece que las palabras de cariño aflojan el dolor y hacen más llevadero el cólico. Te ríes con la película, llamas por teléfono a cualquiera para entretenerte, llevas la almohada de un sitio para otro, empiezas a moverte. Al cabo de unas horas ni te acuerdas del dolor, como si el cuerpo ni quisiera recordarlo, como si no me hubiera pasado nada.

Al final me queda la sensación de ser más humilde, de no sentirme tan prepotente, y la necesidad de ayudar a los demás, especialmente a los que sufren.

jueves, 11 de septiembre de 2008

El verano se acaba





Encontré, hace unos días, una carta en el Barrio Judío. Muy claramente se puede leer el nombre de la destinataria. Lo que más llama la atención es el sobre franqueado por una buena marca de coche, con bonita decoración y un lema encima del nombre de la señorita que dice: El verano se acaba.

Mientras en varias ciudades europeas se preparan macro fiestas para despedir el verano este fin de semana, lo cierto es que el otoño se ha metido en nuestro hábitat a pasos de gigantes. Madrid anuncia otra noche en blanco para la noche del sábado; museos abiertos hasta altas horas de la noche, rincones nocturnos teatralizados, restaurantes que alargan su hora de cerrar, espectáculos en plazas y calles. Lisboa no se queda atrás y anuncia en sus playas una gran fiesta para despedir lo que aún quede de verano. Parece ser que es necesario hacer duelo del agosto de nuestra vida.

Todavía no he tenido tiempo de colgar en el Blog las fotos de mis vacaciones de este verano y me veo sorprendido, incluso en mi cuerpo, de los cambios climatológicos de este tiempo. Ni el verano ha sido tan "indiferente" como lo titulé en los primeros días, criticando la novela de Cesare Pavese, El bello verano, ni el final ha sido tan espectacular. Marché este primer fin de semana de septiembre a Lisboa, quería poner broche de oro a mis vacaciones. Pero ha sido una grave descomposición y un fuerte cólico el que ha puesto un final feliz y brillante al periodo estival.

El verano ha sido lo que ha sido y me gustaría sacar lección de su reflexión. Mientras me preparo hacia un nuevo otoño en el que veré cómo los brotes primaverales que inspiraron una forma de hacer vida pasaron al brillo y la energía del tiempo estival que empiezan, como hojas secas, a desprenderse de mi árbol. No es el final, es la continuidad del ciclo vital.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Comienza el curso



No los he visto, pero ya están aquí. Hasta la tercera hora no he tenido clase con ellos. El jaleo de sus inocentes vidas, los nervios de la novedad y las ganas, el deseo de crecer hacen que estos niños entren como fieras asustando a sus docentes. El convento se ha llenado de novicios. El colegio de alumnos. Las tristes y solitarias aulas vuelven a tener personalidad. La cultura se hace saber. El saber se hace vida. Y la vida se siente, se oye, se ve, se huele, se masca en el ambiente.
Para unos los Buenos días son deseados, para otros aborrecidos, para los más espabilados tienen su picardía, para los más lozanos su simpatía. Novedad, hay profesores nuevos, eso es un aliciente, aunque la mayoría somos los de toda la vida. Es cierto, como se decía en un periódico, que en la era digital los niños tienen que venir al colegio con pesadas mochilas. Cambiamos las ligeras y cómodas maletas viajeras por unos sacos de libros que cargan en sus espaldas estos temporeros e informados niños.
Hoy el café lo tomé pegado a la ventana mirando cómo corren, cómo juegan, cómo hablan estos angelitos niños. Hoy los protagonistas son ellos, mañana Dios dirá.

martes, 9 de septiembre de 2008

Como un guión de cine


Mirando torres de libros en un edificio lleno de libros me llamó la atención uno sólo. “Cómo se escribe un guión de cine”. El libro se las trae, como una aguja en el pajar el libro llamó mi atención al mostrar un tema de interés. Desde que grabamos con MELOCOTON, FILM, Un día en La Puebla, he tenido la tentación de escribir en un cuaderno una historia que recoja en pocos minutos una anécdota graciosa para compartirla con los amigos o una lección de vida de esas que calan y te hacen llorar al ver lo extraordinario que es el ser humano.
El libro tiene tres partes. La primera muestra las dificultades que varios guionistas tienen para rellenar el folio en blanco, dando unos trucos para superar esa tensión, casi todos se van a dormir un rato. La segunda analiza unos guiones de series conocidas y de gran éxito, para quien las conozca y les guste. Y la tercera es un largo comentario a este genero escriturístico que ahora goza de gran fama.
No me compré el libro. Y no fue porque fuese caro, que no llegaba a los quince euros. No me lo compré porque casi me lo leí allí mismo. Sentado en una escalera pequeña de biblioteca, mientras otros buscaban otros misterios, la vida misma, por una tarde, se hacía guión de cine.
Ya me veía durmiendo cualquier siesta en busca de la inspiración.
Ya me veía escribiendo como un loco una nueva serie, al salir o dentro de clase, porque un colegio está lleno de escenas.
Ya me veía con mi próxima cámara de vídeo, que pediré a los Reyes Magos, para seguir grabando escenas pueblanas.
Ya me veía…
Es martes, 09 de septiembre de 2008. Grabando.

martes, 2 de septiembre de 2008

QUERIDÍSIMO PAPÁ


Alicia es la protagonista del libro que ha marcado mis vacaciones. No ha sido el único que he leído en estos días, del resto ya os hablaré, pero sí ha dejado un buen sabor de boca, una conciencia tranquila, una personalidad que madura y unos momentos inolvidables. El libro se llama Queridísimo papá. Es de la editorial edebé y el autor se llama Juan Clemente Gómez. Alicia vive en Elche, es hija de unos actores, titiriteros, que por por tener criterios diferentes sobre la educación de los hijos se han separados. Ella vive con su madre y sus hermanos en Elche y el padre en Barcelona. A Alicia le gusta mucho escribir; le escribe muchas cartas a su padre que por vivir tan lejos y tener poco dinero casi no se pueden ver, escribe preciosos trabajos a Don Matías, su profesor. Gracias a las confesiones de esta niña nos adentramos en el mundo de la infancia que está tocando el borde; empiezan a hacerse muchas preguntas, a descubrir nuevas experiencias, a distinguir a los compañeros de clase de los amigos más íntimos, a desear un mundo mejor que el que tenemos los mayores. A lo largo del curso Alicia escribe innumerables cartas a su padre deseando verle en Navidad donde le cuenta todo lo que sucede en la familia y en el colegio.
"Si los mayores supieran que los pequeños también tenemos problemas, nos cuidarían más y estarían más tiempo con nosotros. Y si nos quisieran de verdad, no habría padres que se largan donde quieren y abandonan a su familia... Yo creo que los problemas de la vida son más difíciles que los problemas de Matemáticas... Cuando sea mayor y me case y tenga hijos, los querré mucho para que no tengan problemas".

sábado, 23 de agosto de 2008

Felicidades, Terele

Querida, Terele.
Perdona que te tutee, pero como la noche anterior a la entrega del premio me tomé unas cervezas contigo, y con los tuyos, creo que el protocolo en esta carta sobra. Eso sí, el respeto, la admiración y el cariño no los excluyo, es más, desde que te he conocido en persona estas virtudes han crecido hacia tu humilde persona. Gracias por ser así.
Parecía que estabas nerviosa, muy nerviosa, como que te daba verguenza entrar y recoger el premio, tu merecido premio. Cuando me enteré tuve una doble alegría: una por la creación de este premio con gestos, señales y dinero, y otra por ser Tú la afortunada que comienza esta larga lista, eso espero, de hombres y mujeres que hacéis de la Cultura un aliciente para sentir con los cinco sentidos. Muchas felicidades. Espero que el premio ocupe un bello rincón en tu casa, pues en él van la vida de muchos pueblanos que te aplauden por tus representaciones de la vida misma, por tu carácter teatral, por pisar la calle desde la calle misma, y porque sabes sufrir y sufrir de verdad. Pero que sepas que Tú también has entrado en muchas casas de La Puebla y te has ganado los corazones pueblanos porque eres sencilla, trabajadora y humilde como ellos.
Estoy seguro que en Los Club de Lectura y en el Club de Cine en las próximas sesiones hablaremos de ti; de tus palabras, de tu vida, de tu trabajo. Tranquila, no lo haremos con morbo, eso bien lo saben utilizar otros. Pero tú misma has dejado en La Puebla unas palabras dignas de analizar, de trabajar, de hacer nuestras.

"Yo no he hecho nada por la Cultura. Ha sido la Cultura la que ha hecho por mí"

Señora. Tiene toda mi admiración. Espero que esas cervezas se repitan y seguiremos hablando.

Atentamente.

Gregorio