

No es la primera vez que se escucha en La Puebla de Montalbán los rumores de que están recogiendo firmas para echarme. Hace unos años la misma canción se escuchó, como en años anteriores. Como se suele decir, la canción se repite y no me extraña. Nunca llueve a gusto de todos. Confieso que la pretensión sacerdotal me lleva a agradar a todos, la misma realidad me muestra lo distinto que somos. Ya la misma presencia nos hace caer bien y mal ante un público determinado. Un amigo sacerdote tuvo que aguantar inclemencias por el hecho de llevar bigote; cosa que los feligreses solo veían digno de un guarda civil. La vida es así. Hace unos años me encontré en Toledo a la madre de una alumna y me extrañó que no me saludara. Después, preguntando a terceros me enteré que mi presencia le hacía sentir patadas en el estómago. Desde entonces, yo que había ido de waydelparaway, me di cuenta de lo especial que somos y de lo que nos cuesta aceptar a los que son distintos.
Ya llevo diez años en La Puebla de Montalbán; creo que ya es tiempo suficiente para hacer las maletas y que vengan otros a trabajar estas tierras. Si necesitan firmas pueden contar con la mía,pues los que nos dedicamos a la docencia nos vemos anclados en estos conventos que parecemos imposibles de mover cuando todos sabemos que el cambio de aires es beneficioso para todos. Lo bueno del caso es saber quienes son los que firman, los que están deseoso de perderme de vista, los que me quieren decir adiós cuanto antes. Como buena recogida de firmas lo suyo es escribir el nombre y apellidos y colocar el carné parroquial; por lo menos, para cuando venga el nuevo, que sepa quienes son los que le van a acoger como agua de mayo y no como tormenta primaveral.
Menos mal que el tiempo lo aclara todo y deja a cada uno en su sitio, de donde no tenía que haber salido.














