martes, 25 de septiembre de 2007

Fin de semana en Valladolid

Hola. ¿Cómo estáis? Os tengo que decir que viajar y escribir me resulta fácil. Pero si a este binomio le añadimos amigos, y amigos de verdad, entonces el trio se hace imposible, algo se cae, algo no funciona, una de las tres partes sufre el detrimento existencial de la experiencia. Es lo que me ha pasado este fin de semana que he pasado en Valladolid. Por mucho que he abierto los sentidos para poder poner palabra a este viaje, los amigos, los amigos de verdad, no me han dejado hueco para abrir el cuaderno y ponerme a escribir. Bueno, casi no he dormido. Pero a quién se le ocurre ponerse a escribir cuando está con el amigo de la infancia, con personas que me quieren y valoran, en medio de una Ciudad elegante, demasiado pija, llena de historia y literatura. ¿Es que quiero hacer sombra al autor del Hereje escribiendo mis andorrerías por la gran vía de Santiago? ¿O quiero, como un nuevo gígolo, enamorar con mis palabras a Rosa Chacel en la Plaza de Poniente? ¿Quién soy yo? ¿Cual es mi circunstancia? ¿Qué pinto en medio del territorio Castellano? La verdad es que no sabría responder a estas preguntas que me hago ni a la rueda de prensa a la que me someten mis alumnos. Solo sé la que siento, lo que pienso, lo que vivo. Y os puedo decir que este fin de semana me lo he pasado muy bien en tierras vallisoletanas, con sus gentes, recorriendo sus calles, tomando café en la bajada de la Libertad, y disfrutando de sus monumentos, sus historias y cuentos. Una cosa os digo, también en Valladolid al frío lo llaman fresco.

jueves, 20 de septiembre de 2007

La Vuelta Ciclista por La Puebla

Pasaban unos minutos de las cuatro de la tarde cuando, junto a mi amiga Piedad, salimos de Retro, donde habíamos quedado a tomar café, para acercarnos a la Rotonda del Convento, lugar que habíamos determinado para ver el paso de La Vuelta por La Puebla de Montalbán. Estábamos nerviosos, no todos los días pasa tanta gente por este pueblo. Pasa tanta gente y tan deprisa. Bien podían volver otro día y llevarse unos melocotones de esos que estaban colocados en las puertas de las casas y que ofrecen la oferta de ser los mejores y más dulces. Pronto empezó a llegar la Policía Motorizada inspeccionando el recorrido; las vallas y las cintas delimitadoras. Creo que conté una veintena que poco a poco fueron dejando el recorrido listo para la circulación de los ciclistas. Después llegaron otras motos, esta vez con marcas patrocinadoras y Medios de Comunicación. Transcurridos unos minutos, unas chicas de gran belleza vestidas de negro en un coche descapotable pasaron saludando a los pueblanos. Detrás, en otro coche del mismo estilo, como dos misters, pasaron dos señores, ya entrados en canas, saludando. Pero no era lo mismo. Y más motos. Daba la impresión que de vuelta ciclista tenía poco, más bien parecía una vuelta motorizada. Y así, cuando menos te lo esperas, cuando estas entretenido con el helicóptero de la Tele, pasan dos escapados que no sabes quienes son. Solo distingues a esa velocidad la ropa que llevan: uno de rosa y el otro de rojo. Aunque tarde, porque ya han pasado, les aplaudes. Mi madre, a quien tengo en el otro lado del móvil, me dice que no me ve, que en estos momentos está saliendo el Paseo del Colesterol. Y, efectivamente, en esos momentos aparece el pelotón, muchos hombres, muchas bicicletas, muchos colores. Levanto las manos emocionado y aplaudo. Mi amigo, el del Toboso, tiene un primo que está sudando lo suyo en medio de esas ruedas. Tiene que ser muy duro ganarse la vida, la fama y la gloria a fuerza de pedalear. Aplaudo y animo a esos hombres que ven en el esfuerzo, en la lucha, y en el coraje, la forma humana de sacarle valores a la vida. Los veo muy bien, vienen por mi Paseo del Colesterol, la Avenida de la Constitución si lo miráis en el plano, y los veo marcharse por la Avenida de Madrid. Emocionante. Tengo cerca un alumno que con su voz infantil parece retransmitir la aventura deportiva que los pueblanos estamos viendo.
Ayer, 19 de septiembre de 2007, La Vuelta Ciclista a España pasó por La Puebla de Montalbán. Un bonito acontecimiento que pone fin a un verano cultural en esta villa o que es el inicio de un nuevo curso donde los valores deportivos pueden hacernos más humanos si entre todos nos esforzamos por hacer más hermosa nuestra convivencia. Solo ganará uno. Pero todos llegaremos a la Meta.

martes, 18 de septiembre de 2007

Una Flor del Desierto.

Estoy de acuerdo con Nativel Preciado cuando en uno de sus últimos artículos periodísticos que he leído dice que hemos perdido la alegría de volver a nuestras cosas después de los días de vacaciones y que se ha apoderado de nosotros esa depresión, tristeza y nostalgia de los días pasados, conocidos por el síndrome postvacacional. Si pensásemos que somos unos privilegiados, que a nivel mundial son muy pocas las personas que disponen de unos días de descanso seguro que nuestro regreso sería con otro talante. Volver de vacaciones supone volver a encontrarse con los amigos, con nuestras cosas, con nuestra música, con el cine y las tertulias. Por eso es tan agradable no solo ir de vacaciones sino escucharlas. Me gusta cómo mis amigos me hacen partícipes de sus escapadas: cuando escuchan una música discotequera se acuerdan de mi; cuando ven un joven tomando café con un libro se acuerdan de mí; cuando ven un niqui a rayas se acuerdan de mí. Es tan agradable que se acuerden de uno.
Mi amigo José ha hecho un crucero por el Mediterraneo. Desde los pequeños riscos del Levante español no le pude ver, pero el Mediterraneo nos unía. Hace unos días, contándome su viaje, que lo hace de maravilla, me dijo que había tenido la sensación de que Túnez le había visto a él, pero que él no había visto Túnez. Todos sabemos que en un crucero se ve todo muy rápidamente; ves muchas cosas, visitas muchos países, con esa sensación de que te falta lo principal por saborear. Esta noche me ha dado un regalo. Me ha regalado una Rosa del Desierto de Túnez. Me ha gustado mucho porque a pesar de la rapidez de su visita al país tunecino haya tenido ese detalle de arrancar del desierto una rosa para mí. Dicen que las Rosas del Desierto aumentan el poder creativo de las personas, eliminando los miedos, temores, angustias y ansiedades. Y si bien estas rosas están llenas de leyendas dicen que generan sentimientos puros de amor, pues son bellas, tienen poderes y están llenas de misterios. Es una piedra muy hermosa, de tacto suave, cálida y rasposa. Es un regalo muy bonito, aunque su amistad lo es más. Ya el año pasado me regaló una rosa roja muy pequeña de su jardín. No se acuerda, pero yo sí. ¡¡Qué tendrán las rosas!! Tal vez porque alejan la negatividad de las personas y muestran, al que la da, el valor más generoso y tierno de su ser. La Rosa del Desierto es algo más que un regalo, que una piedra de adorno, que un pisapapeles de despacho. La Rosa del Desierto es el encuentro amistoso en la distancia de un verano.

lunes, 17 de septiembre de 2007

No solo de recuerdos vive el hombre.

Hola. ¿Qué tal estáis? No penséis que he querido descuidar el Blog, todo lo contrario, quiero mimarlo pues me ayuda a estar en contacto con vosotros. Lo que pasa que he querido, al final del verano, he querido hacer este homenaje a estas personas y a esos lugares que han hecho que estas vacaciones sean especiales. Y por eso las he querido lucir durante toda la semana, como velas encendidas para que no se apaguen, para que no se olviden. Gracias a Blanca y a Antonio por su hospitalidad, me siento en su casa con más libertad que en la mía. Gracias a su confianza y a ese desvivir por hacerme romper la rutina cada día, cada tarde, cada noche. Gracias a esa casa llena de música que han relajado las tensiones de fin de curso. Gracias a esa piscina que han refrescado la lectura de mis libros. Tengo que confesar que me da un poco de vergüenza decir que he estado veinte días en Benidorm. No por Benidorm que lo conozco muy bien, sino por lo mal que suena entre las personas que me rodean. Por eso os querido mostrar, por eso prefiero hablar, del Mediterraneo. Es verdad que para llegar a la calita donde me baño, donde medito, donde tomo el sol y donde paso horas y horas mirando la Mar, tengo que atravesar la gran urbe; una hora andando. Pero la sensación de libertad, de naturalidad, de armonía con los cuatro elementos es total. Por eso me gusta Benidorm. Por eso me gusta el Mediterraneo. Por esa capacidad por encontrar la soledad. También he agradecido la visita de mis Hermana y me Sobrino, aunque para él la experiencia no ha sido tan agradable, sino mas bien agobiante. En fin. Muchos recuerdos. Muchas fotos. Muchos nombres que no me gustaría olvidar.
Ahora. Solo ante el ordenador, preso en mi celda, vuelvo con mis "Buenos días" y mi Blog a unirme a este Planeta en busca de amigos con los que compartir lo bueno de la vida, las ganas de vivir. Y si es verdad que no solo de recuerdos vive el hombre es necesario crear recuerdos que hagan que la vida ha tenido un sentido por el qué vivir, por el qué luchar, por el qué apostar. Los recuerdos ya son del ayer, del último verano que pasé contigo. Pero lo que me interesa es el reto del mañana, de mi primer día con los muchachos, de mi primer café con mis amigos, de mi primer paseo por el Paseo del Colesterol, de mi primera tertulia nocturna. Mañana puede ser un gran día. Lo plantearemos así.