sábado, 8 de septiembre de 2007

Volver a empezar.

Decía el P. Victorino al bendecir la mesa en la comida que hoy era un día muy importante. Hoy celebramos los cristianos el Nacimiento de María, la Virgen. Y sí, es un día muy importante. Por lo menos así lo siento yo.
Hace unas semanas la televisión nos bombardeaba con una destacada publicidad con el comienzo de la Liga, ...que empiece ya, que empiece ya... Reconozco que no me gusta el fútbol. Peor, no conozco o reconozco a los futbolistas. Desde la cuadrilla del Buitre, con quien estuve hablando en cierta ocasión al salir de misa, no he vuelto a dar pie con balón con los nombres y equipos de los futbolistas. Me propuse, al comienzo de la liga, coleccionar los cromos que cierto periódico lanzó como coleccionable para conocer a los nuevos héroes del deporte y los nuevos ricos del país. Creo que no llegó a diez días cuando el periódico dejó de ofrecer los cromos y si deseabas seguir con el coleccionable debías comprar los cromos en paquetes aparte. La liga para mi había terminado.
Algo por el estilo creo que me está pasando con la Vuelta al Cole que tanto bien está haciendo al mundo periodístico. Hay de todo, lo que cuesta a una familia mantener la educación de sus hijos en un colegio u en otro, las ropas o uniformes, los libros, las clases, los coleccionables de idiomas. Y tengo la misma sensación, el sentimiento de que hay cromos que he perdido o se han perdido este verano, de personas que estaban cerca y ahora están lejos, de perder significatividad ciertos nombres o de perder valores que daban prestancia a una institución. Lo bueno de esta vuelta al Cole es que me gusta y que estoy deseando volver a empezar.
Si la liga ha terminado para mi y he dado como ganador al Real Madrid. El Cole empieza, y empieza como una asignatura pendiente, como un reto personal, como una aventura en la que deseo mostrar a los chavales lo maravilloso que es vivir, estar vivo, vivir en este Mundo y en La Puebla de Montalban. También les hablaré del deporte, porque creo que es lo más parecido religiosamente; pues para vivir hay que creer y superar muchos obstáculos. Y si te caes volver a empezar.
Volver a empezar. Begin the beginning. Durante estos días es una expresión, un pensamiento, una sensación, que me envuelve. La oigo en la tele de boca de un famoso. La escucho en una predicación de un fraile. La siento como una necesidad vital. Volver a empezar. Por eso creo que tiene razón el P. Victorino al decir que hoy es un día importante. Yo diría más; es bonito, suena bien, sabe mejor, tiene música y fiesta. El Nacimiento de la Virgen es el día apropiado para volver a empezar.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Santa Teresa de Calcuta.

Con emoción y mucho cariño celebramos ayer el décimo aniversario de la muerte de esta pequeña, pero muy grande mujer. Decía un amigo mío que cómo era posible que dedicase hace unos meses tantas líneas en un artículo a Diana de Gales y solo unas palabras a la Madre Teresa, cuando debía de ser al revés. Y razón no le faltaban. Es más tenía razón. Pero en aquella ocasión los hijos de Diana habían preparado un Concierto Homenaje a su madre y me pareció una buena ocasión de escribir algo sobre la Princesa del pueblo. Y me alegro, pues si lo hubiera hecho ahora tendría que haber comentado el protocolo litúrgico y no estoy para esos entresijos. Si la Camila no quiere ir a la misa que no vaya.
La que ha ido a misa todos los días de su vida ha sido esta mujer santa en vida y santa en muerte. Decía que la fuerza para estar con los pobres se la daba la Eucaristía que celebraba por la mañana temprano para estar unida todo el santo día a Jesucristo. Me río con los comentarios de los periodistas que bajo una gran ignorancia ven los escritos publicados de la Madre como una pérdida de fe. Todos tenemos nuestras crisis, dudas y depresiones. También los santos. Los españoles deberíamos saber por los bellos escritos de los santos de Avila, Teresa y Juan, que la noche oscura también se apodera de las almas más inocentes que buscan a Dios. San Francisco, al final de sus días, pasó una gran crisis, una profunda noche oscura, y gritaba en el interior de su oración que Dios le hablara. No me extraña que esta pequeña mujer que a arrebatado en fama y en éxito a los mejores ídolos del mundo, ganándose los corazones de todos los hombres, de todas las mujeres, de todos los niños, no tuviera sus miedos al ver la obra que estaba realizando. Dejar a las Hermanas de Loreto para seguir buscando la voluntad de Dios entre los más pobres no es prestigio de santos sino de verdaderos seguidores del Evangelio. Mis alumnos, cuando la ven en los libros de Religión, comentan que es una mujer muy guapa, muy buena, muy santa. La fe y las obras nos salvan. Y esta mujer tiene mucha fe y tiene muchas obras. Es una suerte haberla conocido en vida. Es una suerte leerla tras su muerte. Ya lo dice Jesús como buena noticia: si el grano de trigo no muere no da fruto. Hay tanto que aprender de esta mujer que el silencio es el mejor encuentro con ella. Santa Madre Teresa de Calcuta, ruega por nosotros.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Don Dámaso Alonso

Este convento tiene sus leyendas. Unas nos cuentan tesoros escondidos y otras nos hablan de personas importantes. Y de estas últimas os voy a hablar. Me gustaría encontrar ese tesoro pictórico que cuentan las crónicas que existía en la Biblioteca Conventual un Apostolado de Ribera. Por ahora, y lamentablemente, el único Rivera que pinta algo es vuestro humilde servidor que trata de narrar simples sucesos conventuales. Todavía vivimos de la leyenda, esperando que la caída de un muro o el levantamiento de unas baldosas nos den pistas para encontrar tan rica pintura. La leyenda continúa.
Ayer localicé los libros que Don Dámaso Alonso, Don Dámaso Alonso Duro, leía en la Biblioteca Conventual. Hago esta aclaración pues cuando me hablaron de él enseguida vino a mi memoria aquellos versos bellos del río Duero que mi profesora, con problemas disléxicos, tan raramente nos recitaba. No creo que fuese él el que robara los cuadros y extendiera la leyenda, pues dado los frailes de la época raro sería que sacara un libro del recinto de lectura. Menuda cuadrilla seráfica. De ahí la historia. De ahí esa bonita leyenda de cómo Don Dámaso Alonso leyendo en la Biblioteca de los frailes. Sus hijos, Angelines y José María, me han hablado muy poco de su padre. Lástima que septiembre me ha separado de ellos, pues me hubiera gustado saber más de ese tipo de hombre que de ideas republicanas era aficionado, desde el respeto y el cariño, a tratar con los hijos de San Francisco. Espero que estas nubes de verano que se van, como las golondrinas enamoradas, vuelvan a La Puebla de Montalbán para seguir, porque nos gusta hablar, seguir hablando de lo que fuimos para enriquecer lo que somos y saber un poco lo que seremos. Don Dámaso Alonso Duro era un apasionado de la lectura, así lo recuerdan sus hijos. Don Dámaso Alonso pasaba horas leyendo la Historia de España de R. Menendez Pidal. Tal vez tendré que mirar, leer y examinar, como si de una serie policíaca fuese, las páginas de esos volúmenes que cargados de polvo y de historia. Tal vez entre sus hojas haya un recuerdo suyo, una nota, un marcapáginas, una huella. Tal vez pueda encontrar el plano o la clave que me lleve a descubrir dónde están los doce cuadros apostólicos que las crónicas reales cuentan. Por ahora me conformo con el descubrimiento de esa leyenda, de esos libros que Don Dámaso Alonso leía en el convento. Tal vez leyendo la Historia de España descubra todo lo demás.