

Comentario personal, a estilo de un diario, de la vida, experiencia y reflexión de Gregorio que comenzó en La Puebla de Montalbán y continúa en Guadalajara donde vive y trabaja.
Decía el P. Victorino al bendecir la mesa en la comida que hoy era un día muy importante. Hoy celebramos los cristianos el Nacimiento de María, la Virgen. Y sí, es un día muy importante. Por lo menos así lo siento yo.
Con emoción y mucho cariño celebramos ayer el décimo aniversario de la muerte de esta pequeña, pero muy grande mujer. Decía un amigo mío que cómo era posible que dedicase hace unos meses tantas líneas en un artículo a Diana de Gales y solo unas palabras a la Madre Teresa, cuando debía de ser al revés. Y razón no le faltaban. Es más tenía razón. Pero en aquella ocasión los hijos de Diana habían preparado un Concierto Homenaje a su madre y me pareció una buena ocasión de escribir algo sobre la Princesa del pueblo. Y me alegro, pues si lo hubiera hecho ahora tendría que haber comentado el protocolo litúrgico y no estoy para esos entresijos. Si la Camila no quiere ir a la misa que no vaya.
Este convento tiene sus leyendas. Unas nos cuentan tesoros escondidos y otras nos hablan de personas importantes. Y de estas últimas os voy a hablar. Me gustaría encontrar ese tesoro pictórico que cuentan las crónicas que existía en la Biblioteca Conventual un Apostolado de Ribera. Por ahora, y lamentablemente, el único Rivera que pinta algo es vuestro humilde servidor que trata de narrar simples sucesos conventuales. Todavía vivimos de la leyenda, esperando que la caída de un muro o el levantamiento de unas baldosas nos den pistas para encontrar tan rica pintura. La leyenda continúa.