miércoles, 6 de junio de 2007

DIA DEL MEDIO AMBIENTE

Aumentando la distancia de mi cámara os puedo mostrar cómo van las obras del tejado del Convento que tras la paralización por las lluvias parece que remonta el quehacer de mejorar el cauce destructivo de las aguas. He intentado subir para hacer alguna fotografía aérea pero el vértigo me ha impedido pasar del primer tramo. Como todo, espero educarlo y poder andar por las alturas aunque solo sea por el placer de hacer unas fotografías cuya visión no todos los días está a la vista. El Paseo del Colesterol comienza y termina para mi en el Convento, en mi casa.








Cuidemos nuestro Medio Ambiente

Muchos me dicen que me lleve un aparato de esos para escuchar música mientras camino. La verdad es que no lo necesito. El Paseo del Colesterol es como una terapia para mi; marcando un ritmo acelerado me desahogo de las tensiones en el colegio, me relajo de mis preocupaciones, lloro mi tristeza y relajo mi estado anímico. Hay días en los que me he dejado llover para mojar la pena que me comía por dentro. Recuerdo un día en el que el miedo se apoderó de mí al ver de lejos cuatro o cinco cachorrillos, casi todos iguales. Pensé que no muy lejos estaría la madre suelta también. Y efectivamente, la madre estaba suelta, pero era otra madre, los cachorrillos eran cuatro o cinco niños de escasos tres años que no paraban de correr, jugar y hacer ruido. Después de ese día, cuando me encuentro con la madre me rió de mi miedo.








5 de junio Día del Medio Ambiente

El Paseo del Colesterol se llena de bullicio, niños, grandes y medianos, pasean sus penas entre el asfalto de los camines que entre su ir y venir acompañan a los viandantes en su bajar y subir. ¿Por dónde se sube? ¿Donde está la bajada? Llevo casi diez años y todavía no tengo claro si subo o bajo. Es el pensamiento de un pueblo que ve la cuesta de san Francisco como una bajada a la parroquia. Pero en ese tema mejor no meterme, prefiero dar otra vuelta al Colesterol.








El Medio Ambiente

No siempre el camino es recto. ¿Quién ha dicho que el camino es recto? El de la vida no lo es y el del Colesterol tampoco; ni es recto ni está al mismo plano. El Paseo del Colesterol es como la vida misma, lo importante es estar caminando.








Cuidemos el Medio Ambiente

Poco a poco su cielo verde te cubre y refresca el cansado caminar de los viandantes que marcan un ritmo a sus pasos. No es lo mismo el ritmo de la Chica de blanco que controla el tiempo, a los pasos del Abuelo que va contando las baldosas hasta llegar a sus amigos. La Chica dará varias vueltas, el Abuelo se sentará en uno de estos bancos hasta que lleguen más viejo para contar la historia contada una y otra vez. Caminante no hay camino, se hace camino al andar. dijo el poeta. La Vida nos hace ser poetas, la vida nos hace ser camino.







Mi Medio Ambiente

Este es el comienzo. Una vez colocado el ritmo lo marca uno mismo. No es lo mismo ir solo que acompañado, que llevar perros o tener que aguantar a algún pesado que da la matraca. Pero sea como sea el Paseo del Colesterol es un parque alargado que da vida a mucha gente.








martes, 5 de junio de 2007

Volver a Arenas

Hacía mucho tiempo que no volvía a Arenas de San Pedro, sobre todo a callejear. Hace más de veinte años, me pongo nervioso solo de escribirlo, que llegué a esta Villa del Tietar como bicho mal querido con el miedo a que en cualquier esquina me diesen un puntapié. Engañado hasta la misma puerta, tal vez para que no me volviera atrás, un cinco de septiembre me dejaron en la puerta del Santuario. Fue entonces cuando me dijeron que mi amigo Celestino, vaya nombre para la faena que me hizo, había decidido no ingresar como novicio franciscano en el convento de san Andrés del Monte, más conocido por el Santuario de san Pedro de Alcántara. Allí, solo, arrinconado junto al coro estaba mi celda. Fue el crepúsculo de mi adolescencia, el otoño más triste y el invierno más oscuro y deprimente. Menos mal que se marchó la suegra y mi vida monástica empezó a tener luz, color y música. Cuantos recuerdos tras esta veintena. Este fin de semana he vuelto a ir a Arenas y me he hospedado en la misma celda de aquellas primeras miserias de aquel joven que llegaba de una triunfal Avila y se metía en la soledad y discernimiento de un noviciado. Para matar las penas de la noche he vuelto a leer los deseos ingenuos de ese hombrecillo que quiere hacerse fraile, Fray Perico y su borrico, que leído en un marco tan solemne le da autoridad de maestro espiritual a su autor. Lo bueno de Arenas es que me quedé a hacer COU, algunos dicen que fue un segundo noviciado. Me da igual lo que piensen, el caso es que me lo pasé muy bien, afianzó mi vocación y querencia e inicié las raíces culturales de mi pseudointelectualismo con las famosas tertulias con mis profesores, con filósofos, pintores, artistas, panaderos y de más gremios. Decía a los frailes que tenía trabajo en grupo, y no mentía, y en alguna tabernita se hacía. Callejeando, el otro día, y llamando a algunas puertas he sentido que el silencio de la soledad y el adiós me hablaban. Muchas personas que conocí ya no están, se han ido, y bien quisiera saber dónde. La magia penitencial de Arenas no deja indelebles a sus mortales. Solo, como siempre, volví a recorrer en el silencio de una oración sus plazuelas, a tomar café cerca del Castillo y a cruzar triste, como la Condesa, su calle. Este pueblo que me hizo famoso entre sus jóvenes hoy da anonimato a mis pasos que buscan un sentido a mis recuerdos,a un ayer que pasó y a una etapa caduca. Si he vuelto a Arenas creo que ha sido para cerrar una puerta y abrir un futuro con luz, color y melodía.